La unica y verdadera



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quesque soy bien Roquer, ustedes que opinan?

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A falta de tiempo unos refritos

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"Alicia ya no vive aquí"


Ayer sonó el teléfono
A las siete en punto
Era una voz de mujer
Hermosa, suave, dulce
Sonaba como pájaros
Olía a melones y a limones ácidos
Sentí el calor en las venas
Se me aceleró el pulso
Recordé que tenía un corazón
En vez de una fría piedra
En la que se encuentra escrita
Desde tiempos inmemoriales
Las aciagas palabras
Que, lector, si tienes paciencia
Podrás leer al final de este poema.

Decía - Es que he perdido el hilo -
Que me había llamado a las siete en punto
Una hermosa mujer de hermosa voz
- Más que hablar, cantaba -
A la que no conocía de nada
Y cuando oí lo que me decía
Lo que surgía de sus labios
- Sus labios, que imaginé fresas
Cerezas dulces y tomates maduros
Aunque nunca los había visto -
Me sentí triste y abatido.

Creo que con aquella mujer
Podría haber sido feliz
O por lo menos, haberlo intentado.

Pero no sé por que extraño motivo
Me sentí incapaz de pronunciar palabra
Tenía que decirle que su voz me calmaba
Me recordaba a jazmines y a albaricoques
A cigüeñas en lo alto del campanario
Que por ella mi corazón volvería a su sitio
Que si quedamos una noche de estas, guapa
Que tu sexo es la rueda que hace girar mi mundo
Pero fui galápago nocturno, piedra sin alas
Mi voz, mi lengua, mis labios me traicionaron
Y sólo pude pronunciar la frase que ata mi alma
Mi epitafio, mi lúgubre sudario
"Alicia ya no vive aquí"
Y colgué.


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La necesidad de la ética






Con alarmante frecuencia, al plantear preguntas éticas o intervenir en debates que tienen trasfondo moral, oye uno decir: "pero ¿acaso puede hablarse de ética en este mundo en que vivimos?". Parece que ética, (o la moral, pues utilizaré indistintamente estos dos términos no del todo intercambiables) resulta demasiado inverosímil en nuestro momento histórico. Tal inverosimilitud presenta dos niveles, uno inmediatamente práctico y otro que pudiera-mos calificar como teórico. Según el primero, el mundo contemporáneo es un cenagal tan acabado de concupiscencias, egoísmo y violencias que resulta del todo risible invocar a la moral para que venga a ayudarnos en semejante contexto. Sería como si alguien se cayese desde un avión a varios kilómetros de altura y confiase en utilizar como paracaídas una hojita de papel de fumar. El segundo nivel explica que la ética ha perdido su razón de ser operativa en el momento presente, al ser sustituida por otros sistemas de interpretación y orientación de la acción humana justificados racionalmente con mayor contundencia científica.

¿Vivimos tiempos especialmente inhóspitos para la ética? Quienes así lo afirman se basan en un somero repaso a la catadura del siglo que acaba de terminar : dos tremendas guerras de alcance mundial con millones de víctimas, secundadas por cientos de conflictos menores más localizados pero no menos destructivos; la puesta en práctica de totalitarismos ideológicos que han justificado con inhumana eficacia el exterminio de capas sociales de la población civil y aún de etnias enteras; también se han presentado los campos de concentra-ción y armas para la destrucción masiva de un alcance nunca soñado antes en la nutrida his-toria de la criminalidad política; pese al desarrollo industrial y tecnológico,un tercio de la población mundial padece hambre, en muchos países latinoamericanos es tristemente co-mún el abandono y asentamiento de los niños, incluso dentro de las naciones más desarro-lladas hay grandes bolsas de miseria urbana y las agresiones a nuestro entorno ecológico hacen temer graves peligros para la vida humana en el próximo futuro; si a todo ello se unen los frecuentes casos de corrupción política y económica que envilecen las democra-cias, la barbarie de los enfrentamientos nacionalistas o de las persecuciones xenófobas, etcétera, resulta inevitable asumir que el siglo veinte, como asegura el célebre tango, "es un prodigio de maldad insolente" y que en él las invocaciones éticas suenan tan poco adecua-das como las carcajadas en un funeral.

Sin embargo esta línea argumental comente un básico error de planteamiento. Parece darse por supuesto que el discurso ético sólo es pertinente allí donde el respeto a los princi-pios morales es mayoritario y evidente. Lo cual, claro está, no ha ocurrido nunca. El mundo en el que vivieron Aristóteles, Spinoza o Kant no era menos propenso a las atrocidades que el nuestro, aunque sus limitaciones técnicas o lo sumario de las comunicaciones reduzcan (a nuestro juicio contemporáneo) el alcance espectacular de las mismas. La exigencia ética siempre ha estado en dramática minoría frente a la realidad histórica mayoritaria. Nunca ha sido la voz de lo dominante, de lo en efecto ya cumplido, sino la demanda que se opone a lo supuestamente inevitable. Tanto su dignidad como su urgencia provienen de la disidencia, de ser la articulación crítica de cierto inconformismo no partidista. Reservar la pertinencia de la palabra moral para el mundo ya del todo moralizado equivaldría a desna-turalizar y castrar su propuesta, que es tensión y alarma frente a lo simplemente dado. El empeño ético siempre está comenzando de nuevo: nunca se reifica en lo garantizado. Si hay algún acento triunfal en su tono no es como grito de victoria sino como aliento de resistencia.

Se oye repetir sin cesar el tópico sobre la "crisis de los valores". Pero lo que resulta auténticamente valioso en los valores es su sempiterno estado crítico, la estimulante llaga que mantienen abierta entre lo que se consigue y lo que se merece, entre lo que es y lo que quisiéramos llegar a ser. (...) Lo que sería realmente inquietante es que algún día llegara a creerse que los valores ya han triunfado, que se han establecido de modo inapelable. Este satisfecho homenaje sí que resultaría póstumo... Tal es el efecto de la utopías. Suele deplo-rarse en la actualidad la decadencia o definitivo abandono de la utopía, considerandolo sín-toma inequívoco de una pérdida de ímpetu moral. Nada resulta menos evidente. La utopía aspira a un Estado (político y también moral) perfecto, en el que todos los valores se reali-cen sin contradicción entre ellos, donde el ser de las cosas y su deber ser coincidan por fin y para siempre. Se trata, teóricamente, de un estado acabado, es decir: del estado terminal de la sociedad... en el sentido más clínico de la palabra "terminal” . El mal habrá sido para siempre erradicado, imposibilitado: pero con el "mal" desaparece también la pregunta críti-ca sobre el bien, elemento insustituible de la libertad moral. Algunas de las voces literarias más lúcidas de nuestro silo (Eugenio Zamitain en Nosotros, George Orwell en 1984, Aldo-us Huxley en Un mundo feliz, etcétera) nos advirtieron ya de lo peligroso de la utopía con-temporánea no es su carácter de cosa irrealizable, sino precisamente lo contrario: que puede ser realizada. Pero su realización, que impone el bien por vía política, médica, tecnológica, etcétera, no representa la realización terrena de la Jerusalén celestial de la ética sino su abo-lición definitiva y atroz.

(...) Sin necesidad de "utopías" ni de "anhelos utópicos", la moral ha tenido siempre ideales. Es decir conceptos límite de excelencia en el comportamiento individual o en las formas de convivencia hacia los cuales se tiende de manera inacabable (pero no"indefinida" ) . A diferencia de la utopía, el ideal es lo que nunca puede darse por acabado: cada uno de sus avances amplía sus perspectivas, obliga a una revisión crítica de sus postulados a la vis-ta de sus logros y mantiene viva la inquietud racional que nos impide identificarnos bea-tíficamente con cualquier organización social ya establecida . El utopista sostiene que la verdadera vida sólo comenzará cuando se haya alcanzado la comunidad perfecta, mientras el idealista opina que la verdad moral de la vida es el inacabable perfeccionamiento de la comunidad. El primero reacciona ante los desastres ético-políticos del mundo en que vivi-mos con resentimiento y desesperación, el segundo con tónico desasosiego y sentido de la responsabilidad. ¡Ojalá la decadencia de las utopías significase la revitalización de los idea-les!.

(...) ¿Cuáles son las tareas actuales de la ética? Las hay inéditas, sin duda, referidas a la resolución de problemas diferentes a los tradicionales o al control de posibilidades de am-biguo alcance que antes no se conocían. Las amenazas al medio ambiente, por ejemplo, o el uso de técnicas quirúrgicas o genéticas que podrían favo-recer perversas instrumentalizaciones de nuestra corporalidad. En estos campos re-sulta urgente no dar nada por fatalmente irremediable y mantener abierto un debate crítico en el que muchas son las voces que deben sin duda ser escuchadas. Como no todo lo que puede técnicamente ser hecho debe ser hecho irremediablemente, será bueno colaborar lo más posible en la reinvención de esa virtud aristotélica que se adecua a lo trágico de la peripecia humana: la prudencia. Y quizá también el cuidado por los demás, ese rasgo distintivo de la actitud moral femenina que estudiosas como Carol Gilligan opone a la rígida y a veces despiadada frigidez del imperativo categórico. Tampoco faltan ideales morales que proponer a la gestión política, como la lucha contra la miseria y el hambre o por la igualdad de los derechos. Y desde luego, la propia gestión política ha de respetar una normativa deontológica que combata su deriva hacia formas corruptas de cleptocracia, dentro de cuyas sucias bodegas el beneficio de los partidos y de los políticos sustituya al de la sociedad de la que deben ser instrumentos. Pero el núcleo esencial del ímpetu ético subyace bajo modas, novedades y propósitos de universal regene-ración, muy parecido al que ya tantas voces han formulado a lo largo de la historia: que lo humano reconozca a lo humano y se reconozca en lo humano, que la libertad oriente la vida y que la vida -la buena vida, no el puro fenómeno biológico- señale los límites debidos a la libertad. Síntesis realizada por Susana Patiño




Glosario de palabras no muy utilizadas en México:

* Beatíficamente: santamente.
* Catadura: examen, juicio.
* Cenagal: lodazal, pantano, ciénaga, atolladero.
* Cleptocracia: de cleptómano, ladrón.
* Concupiscencia: ambición desmedida, codicia, lujuria, vicio.
* Inéditas: desconocidas, nuevas, no publicadas.
* Inhóspito: no habitable, inhumano.
* Reifica: se convierte en rey, se sienta en un trono.
* Sempiterno: eterno
• Xenófobas: hostilidad hacia cierta raza, nación o etnia. (chauvinismo).









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Psicomagica



Hoy leeré tu mente



Pues ya va siendo hora que les demuestre algunos de mis poderes adivinatorios, no sé si funcione para todos, pero pues vale la pena intentarlo. Ya me diran si dio resultado.

Aqui les va el jueguito:



Recuera que la cosa más importante de esto es seguir las intrucciones cuidadosamente. Ahora, realiza los siguientes simples calculos matemáticos en tu mente tan rapido como puedas. Hazlo lo más RáPIDO que puedas y podria tambien ayudar si dices tus respuestas en voz baja.




Cuanto es:













2 + 2?













8 + 8?













16 + 16?













RAPIDO! Piensa en un numero entre 12 y 5.













Listo? No cambies el numero que ya tienes













siguele bajando a la ventana!

















el número que elegiste fue el 7.

correcto?!?




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Los ojos de Dios





quiondas muchachitos (as), como estan ustes?
pues yo apenas voy llegando de vacaciones y ya este Lunes entro nuevamente a la escuela. Guacala!!!!!!!!, me da asco el solo pensarlo, pero pues ya ni modo, espero agarrar todo con aptitud (y actitud) positiva este año. Asi es que animo, sigamos adelante, con la cara firme mirando al cielo, mirando los ojos de dios


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