La unica y verdadera




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San Rafael el Grande
(Primera parte)

El vapor flotaba hacia sus manos al descubrir las tortillas. Don AntonioVargas adoraba esa sensación. Los olores y los colores sobre su mesa. Siempre pensó que no había mejor manera de empezar el día. El café, los chilaquiles, el olor del nixtamal.
A través de su ventana, colina abajo, podía ver el pueblo de San Rafael el Grande. Hace unos 125 años que su bisabuelo Don Gonzalo Vargas y media docena de Rancheros, llegaron aquí con nada más que 25 cabezas de Ganado y tres carretas llenas de sueños y esperanzas.
“Señor Vargas, disculpe asté que lo moleste pero Pedrito esta aquí. Esta muy asustado esta grite y grite que necesita hablar con usted” dijo Conchita con un fuerte acento Huichol.
“A ver que quiere el cabrón aquel, de seguro se le desbarrancó otro becerro” murmuraba Don Antonio, al levantarse tirando su servilleta sobre la mesa.
La Hacienda de los vargas era sorprendente. Su arquitectura era tradicional española con su jardín interior y arcos de cantera. Había una fuente en el medio del Jardín, unos peces dorados japoneses nadaban despreocupados en ella. Se los habían traído de Mexicali. Estos peces habían sido enviados a Mexicali desde San Francisco donde llegaron en un carguero Coreano. Pasó Don Antonio inadvertido de los peces. “Buenos días, Doña Clarita” exclamó sonriendo a una de sus jóvenes empleadas. La muchacha sonriendo de vuelta, contenta de haber sido reconocida por el patrón.
Entro Don Antonio a su oficina. Unas cabezas disecadas de Ganado adornaban sus muros, acompañadas de un par de fotografías de cuando la iglesia del pueblo apenas estaba siendo construida.
Sus muebles eran elegantes de Estilo francés, comprados en Veracruz e importados de Nueva Orleáns. Don Antonio era un hombre sencillo en su forma de ser sin embargo padecía de buen gusto. Su Abuelo, a pesar de ser un empedernido aventurero venia de una buena familia española. El negocio de los Vargas en España era la vid, en México la ganadería. La fortuna le sonreía a Don Antonio. Contaba con 8000 cabezas de Ganado en 400 hectáreas de buena tierra de pastura. La pasión por los vinos y los licores viajó de generación en generación en la familia Vargas. Sobre el reluciente librero de caoba estaban dos licoreras de cristal una con Brandy español, exprimido de uva catalana. El brandy había descansado en un barril de roble por no menos de un cuarto de siglo. En la otra brandy francés, Cognac un poco mas joven pero con el dulce sabor de la vid de la región de La Grande Champagne.

“A ver dime cual es el gran problema pedrito, que no podia esperar a que terminara mi desayuno” exclamó Don Antonio sonriendo haciéndole ver al muchacho que solo bromeaba. “¿Se acuerda de Juanito, Señor, el muchacho este hijo de Doña Rosa?”
“el hijo de Doña Rosa la de la tienda, si claro que si ¿que pasa con el?”
“bueno pues, el estaba cuidando el ganado anoche. ¿se acuerda donde se había roto la cerca, allá por el arroyo?”
“Si claro que si ¿Que con eso pues?” pregunto Don Antonio impaciente
El joven se percinó antes de contestar.
“pues los muchachos lo encontraron ahora, muerto, tripas pa’ fuera. Junto con otras dos cabezas de ganado. Don antonio”


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¡Ora pues contestón!

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