La unica y verdadera




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Janis Joplin

Aqui les dejo con una entrevista de mi tocaya Madame Mitushka que le hizo a Janis Joplin.


(Janis, una hippie nalgas miadas que cantaba muy chido)

Tiene un aire tragicómico de adolescente desadaptada, y fuera del escenario nadie diría que su necesidad imperiosa de aceptación es un golpe de puño que le surge en las entrañas y le llega hasta la boca en la forma de un alarido tan contundente que te deja temblando de emoción. Tierna y dura, como alguien la describió alguna vez, esta gringa loca de Port Arthur, Texas, siempre tiene las manos ocupadas en algo: su guitarra, flores, una botella de whisky o tequila, un faso, anillos, tiras de cuero, pulseras de mostacilla. En el pelo, que le cae sobre las gafas naranja, se repiten plumas y adornos de cuero que lleva en las muñecas y en la ropa.

Antes de entrar a entrevistarla, le he preguntado a mucha gente qué opina de ella. “Sólo escuchala cantar”, me dice al oído G., quien hace 25 años se enamoró como un desquiciado de su mujer al verla bailar “Summertime”. Cómo, me digo a mí misma, si me pasé la vida oyéndola a esa guacha que era el estandarte del amor libre y la generación del flower power; ¿qué misterio puede haber? Pero la verdad es que la oigo y me doy cuenta de su poder de seducción: La Perla es una chica ingenua que sueña con el amor verdadero, una amante madura que exige y da satisfacción carnal, una mujer dispuesta a todo por amor y una nueva Casandra con sus tristes presagios que nadie escuchará: “Te romperán el corazón, honey, los hombres, pero no aprenderás”. Lo que conmueve de Janis es que es la caracterización de la mujerez; quizás es por eso que nadie ha logrado cantar blues como ella. Esta americana tenía una voz privilegiada de sureña blanca, pero fue su corazón de negra lo que la transformó en una leyenda.

Madame Mitushka: ¿Sabías que Bette Midler te representó en la película La Rosa?

JJ: Ajá...

Madame Mitushka: ¿Y qué te parece?

JJ: Bette ha tratado siempre de ser una transgresora, ¿sabés?, es parte de su papel, pero yo era una niña buena...

Madame Mitushka: Dejate de joder...

JJ: Es la estricta verdad. Tan buena era que en mi pueblo natal, que es la definición misma del infierno, en plenos años 60 me puse a defender cosas como la igualdad de derechos de los negros, ¿te imaginás?, en el liceo de ese shithole sureño nomás. Cuando volví, siendo famosa como cantante, la gente me llenaba de insultos y me escupía porque le había dado una mala reputación a Port Arthur (se ríe)... Yo era muy políticamente correcta y defendía las buenas causas.

Madame Mitushka: ¿Qué significó para tus padres que su hija fuera uno de los emblemas del amor libre, la paz, la revolución sexual?

JJ: ¿Huh?

Madame Mitushka: Janis, vos sos un símbolo de todo eso...

JJ: (Se para, se ríe, abraza a un perro que no sé de dónde salió, entra a la cocina, abre la heladera, saca unas cervezas, vuelve a donde estoy, sigue dando vueltas, es imposible lograr que se quede quieta) No sé de qué hablás; sólo soy una voz...

Madame Mitushka: ¿Te fue difícil cursar la escuela?

JJ: ¡Por el contrario! Fui una excelente estudiante hasta que me topé con el speed, que me impedía concentrarme. Por suerte descubrí que no cantaba mal el blues y seguí ese camino porque todo lo demás me estaba prohibido.

Madame Mitushka: ¿Prohibido? ¿Por qué?

JJ: Por la regla que dice que si no puedes hacer nada bien, salvo por una cosa, entonces no debes hacer nada más.

Madame Mitushka: Janis, no existe semejante regla.

JJ: Tanto mejor, odio las reglas...

Madame Mitushka: ¿Qué te gusta?

JJ: Me gusta la ropa, las plumas, el blues, la cerveza y los hombres...

Madame Mitushka: Hablame de ellos...

JJ: Son hermosos, atractivos, fuertes bajo la tiranía del deseo, dulces cuando se sienten satisfechos, rudos, a veces groseros, divertidos pero increíblemente estúpidos, siempre dispuestos a romperte el corazón.

Madame Mitushka: ¿Por machismo, por vanidad?

JJ: Humm, yo qué sé. Debe ser falta de generosidad; son tan torpes para dar. ¿Sabés qué es lo más gracioso? Tuve los amantes que se me dio la gana, pero un día me di cuenta de que no era libre: en el fondo, seguía esperando un príncipe azul, y si no me crees, escucha de nuevo mis canciones. Entonces pensé que debía tratar de comprenderlos mejor, ser su amiga primero, antes de volver a involucrarme con alguno; claro que fue inútil.

Madame Mitushka: ¿Por qué?

JJ: Ah, los hombres: todos incapaces de una verdadera amistad. Yo terca, seguía buscando. Se los decía: Atrévete a ser mi amigo, a pesar de todo, a pesar de la fama, del amor, del sexo: sé mi amigo por sobre todas las cosas, alguien con quien siempre pueda contar.

Madame Mitushka: ¿Y alguno lo fue?

JJ: ¡Hey! Se le piden cosas a Dios: salud, amor, milagros, hasta un Mercedes Benz; pero si a tus amigos tenés que pedirles que lo sean, entonces estás jodida, mi estimada, jo-di-da. (Señala al perro y me dice:) Ecce homo: he aquí al único macho que me acepta como soy, me quiere sin reproches y siempre está dispuesto a echarse al saco conmigo para mimosear, aunque no haya sexo.

Madame Mitushka: ¿Y no se te ocurrió amar mujeres?

JJ: No ahora, por favor, estoy agotada...

Madame Mitushka: Quiero decir, en algún momento...

JJ: Ah, noooo. Salvo por alguna que otra experiencia exploratoria. Los hombres son un mal necesario y al final te resignas a lo que hay. Ninguno es perfecto, pero una mujer está condenada a insistir: get it while you can. La vida sin ellos es un árido desierto.

Madame Mitushka: Pero vos preferías el dulce arpón de la Dama Blanca.

JJ: Sólo cuando la soledad de mi cama resultaba insoportable para mi corazón roto una vez más.

Madame Mitushka: ...quizás yo debería probarla...

JJ: (Con la mirada iluminada de complicidad) No hay nada igual... ¡es mejor incluso que el sexo!

Madame Mitushka: ...pero ¿sabes, Janis?, creo que hay experiencias vedadas para los simples mortales: deben reservarse para los dioses, como tú y Morrison o Jimi Hendrix...

JJ: Lo irónico es que fuimos dioses de barro: parecíamos poderosos, pero en realidad éramos frágiles; sólo unos muchachos asustados.

Madame Mitushka: Vos no habías cumplido 28 años al morir...

JJ: Y no había tenido ninguna experiencia que me hiciera crecer de verdad, o quizás simplemente la pasé de largo. Me fue dado tener un don que hizo todo demasiado fácil y me volvió cómoda, como si el mundo me debiera algo sólo por existir, pero en verdad nunca me convencí de que merecía nada bueno; quizás por eso me pasé alejando a quienes hubieran podido enseñarme algo sobre mí.

Madame Mitushka: ¿Si nacieras de nuevo?

JJ: (Adopta una expresión muy Bobby McGee) Seguramente volvería a hacer todo igual.

Madame Mitushka: ¿Sin remordimientos?

JJ: Pero no sin cicatrices. Lo tuve todo y terminé sola; eso debería enseñarte algo.

Madame Mitushka: ¿Por ejemplo?

JJ: Que a mí no me mató la droga, sino la necesidad de control. O quizás fui demasiado para los demás.

Madame Mitushka: ¿Demasiado qué?

Madame Mitushka: Demasiada mina, supongo (se ríe, esa risa tan característica de ella).


Se sienta en una silla totalmente despatarrada y se sumerge en sus pensamientos. Carajo, si quería una entrevista pesada, ésta sí que lo fue. Mejor me voy pienso, y vuelvo a la tierra, a transcribir esto y seguir con mi vida, si puedo.


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