La unica y verdadera




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El otro día me di cuenta que tengo una extraña aberración a las olimpiadas, no es porque no me guste el deporte o sea una anti-deportista (a pesar de que no practico nada, desde hace mucho tiempo cambie el deporte por la música, y me he amarrado del cuello con las siete notas), ni porque no me guste ver deporte en televisión, tampoco por ser aburridas y largas, tal vez porque México nunca gana nada y no hay mucha emoción ni suspenso para los televidentes mexicanos, pero tampoco.

Aunque me aviente las olimpiadas en la tele de vez en cuando, esta aberración viene desde mucho tiempo atrás, nace desde la infancia. Cuando era niña me gustaba mucho ver las cacaturas (caricaturas), salía del Kinder y me aplastaba en el sillón a ver por horas y horas la programación de XHGC, quien no recuerda al gato GC (corre GC corre!!!), o sino también al buen Sixto, que lo pasaban por el canal 6 de Guadalajara y que por cierto me parece que lo están transmitiendo nuevamente por canal 8. Me aventaba todas las caricaturas de corridito, desde He-Man, que empezaba como a la 1:00, hasta la ranita de metan, que era como a las 6:00 o 7:00 de la tarde, pasando por los Tunder Cats y BladeStar, abriéndose el paso para retirarme, marcándose el fin de la programación caricaturesca, del tío Gamboin, en el momento salía un programa para señores, la pantalla se ponía azul y letras se desplazaban de arriba para abajo, quien no recuerda ese aburridísimo programa llamado “partidos políticos”!!!!!,. Ahí estaba yo sentada, sin parpadear, solo me levantaba para ir por comida, tomar agua, ir al baño y de vez en cuando para salir a la calle a comprar papitas y demás chucherias.




Pero algo interrumpía mi felicidad cada 4 años, la hacia pedazos, tiraba mi juventud e imaginación al suelo para pisotearla, para después cubrirla con tierra y desenterrarla hasta mas de un mes después. Esa cosa que me hacia ponerme tan triste y me amargaba la existencia eran las malditas OLIMPIADAS. Durante el tiempo que se llevaban acabo las olimpiadas los canales de caricaturas eran sustituidos por la trasmisión de las competencias olímpicas y demás deportes, entonces yo no tenia nada que hacer ahí sentada en el sillón frente al televisor. A veces trataba de verlas por un rato, pero me hartaban, se me hacían eternas, parecía que nunca terminarían.

Es por esta única y exclusiva razón que tengo ese extraño (ya no tan extraño porque ya he descubierto la raíz) desinterés y repulsión a este evento llamado:


Olimpiadas




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