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Mitos, Cierto-Falso


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He estado pensando y últimamente he hablado mucho de amor, pareciera que estoy enamorada, pero NO. La verdad solo me he enamorado una vez y no conozco mucho al respecto.

Esta semana será dedicada a hablar de sexo. Alo mejor alguna vez se han preguntado, ¿Importa el tamaño?, ¿La masturbación hace daño?, ¿Será posible la sexualidad en los niños? Estas y otras típicas dudas se desmitifican en este pequeño pero conciso compendio de mitos sexuales... Que de ciertos no tienen mucho, pero "diezman" la calidad debida y de relaciones en el mundo entero. Enterarte de la verdad leyendo estas líneas.
Enseguida les resolveremos algunas de sus dudas al respecto.

Mitos sobre la masturbación

La masturbación es perjudicial para la salud. Existen al respecto mitos específicos, que hablan de alteraciones tales como impotencia, esterilidad, defectos físicos, somnolencia, pérdida de peso, etc. Nada es cierto. La masturbación sólo es perjudicial cuando es compulsiva, es decir cuando la persona no controla sus actos masturbatorios, siendo producto de un impulso. Por otro lado, la masturbación es una vía de satisfacción sexual legítima y diferente a otras, y además es fundamental en lo que se refiere al auto-conocimiento corporal y sexual de una persona.

La masturbación quita energías a la persona y no es recomendable antes de actividades físicas o competitivas. El desgaste calórico de una eyaculación es de 34 calorías, y el de una relación sexual aproximadamente 100 calorías por hora. Lo que ocurre es que luego de un orgasmo, suele aparecer un estado de relajación tan profundo, que se confunde con cansancio. Masters y Johnson, padres de la sexología, decían “Tener relaciones sexuales antes de una actividad deportiva es bueno, siempre y cuando una persona deje pasar por lo menos... cinco minutos...”.

La masturbación es sólo para varones adolescentes, no para las mujeres, personas casadas o adultas. La masturbación es un acto universal, característico de varones, mujeres, adolescentes, niños, adultos, casados, solteros, etc. Cada persona elige su manera de buscar gratificación sexual.


Mitos sobre el funcionamiento sexual

Un pene grande es importante para la gratificación y el placer de la mujer. Este es el mito. En realidad el tamaño es importante sólo si forma parte de la fantasía sexual de una persona (Como puede ocurrir con respecto a los senos femeninos). Desde el punto de vista físico, la vagina tiene la capacidad para acomodarse a los diferentes tamaños de pene posibles, sea cual sea su tamaño. Además, las zonas más sensibles de la anatomía genital de la mujer son externas (El clítoris, los labios, el tercio externo de la vagina) y no la vagina (los dos tercios internos), por eso el tamaño del pene, en la medida en que no es relevante para la estimulación de la vulva, pierde protagonismo. Es interesante descentrarse del estímulo genital, y poner el énfasis en otros aspectos (Las caricias, los abrazos, los besos, la sensualidad, la preparación del ambiente, etc.).

Los orgasmos simultáneos constituyen un mayor placer que los orgasmos experimentados de manera separada. El orgasmo es una experiencia y una sensación tan individual que no siempre uno está conectado con lo que en esos pocos segundos ocurre afuera. Para algunas parejas es importante compartir ese momento como un hecho afectivamente relevante, pero en esos instantes raramente alguien puede descentrarse de su experiencia para sentir lo que pasa del otro lado. Muy pocas parejas pueden lograr regularmente el orgasmo simultáneo, ya que requiere una coordinación, un auto-conocimiento y un conocimiento del otro muy importante. Apuntar al orgasmo simultáneo como la norma puede generar roces y malos entendidos en las parejas. Lo interesante si se va a buscar esto, es plantearlo como un juego, no como una nueva exigencia (de las cuales ya hay demasiadas...).

Si no existe una buena erección, la búsqueda de placer sexual no tiene sentido. Este es un mito típico de una cultura falocéntrica como la nuestra, todo pasa por un pene descomunal, rígido y todopoderoso. Pero, que pasa cuando las cosas no funcionan como “se debe”?. Muchas veces, ante la imposibilidad de una relación coital por una dificultad con la erección, las personas optan por no hacer nada. Pero, por qué tiene que quedar todo allí, como si fuera lo único? El sexo sin penetración puede ser muy satisfactorio en la medida en que una pareja se permita disfrutar de eso y ponga en funcionamiento su creatividad: besos, abrazos, caricias por todo el cuerpo, sexo oral, estimulación manual, son algunas de las opciones a las cuales cada uno le puede dar su forma.

Las posiciones sexuales, cuanto más raras más placenteras. Se ha generado una cultura “gimnástica” de la sexualidad, y todos conocemos o hemos escuchado o leído acerca de posiciones que, en algunos casos, requieren de un estado físico muy particular. Si bien se han inventado muchas posiciones, millones, hay cuatro opciones generales: el hombre arriba y la mujer abajo cara a cara (el “misionero”), la mujer arriba y el hombre abajo cara a cara, penetración por detrás (el “ciervo”) y de costado. En general, cada persona y cada pareja tienen sus preferencias, encontrando con el paso del tiempo las opciones más cómodas. Buscar alternativas puede ser divertido, pero no necesariamente excitante.

La cantidad de orgasmos indica en que medida la relación sexual ha sida satisfactoria. Hay muchos más parámetros que pasan por la calidad del encuentro.. Pensar en el sexo en términos de cantidad genera malos entendidos, problemas, traumas, exigencias, que suelen dar lugar a la angustia y a veces a disfunciones sexuales.

La relación sexual normal es aquella la que una vez que se consigue la excitación nunca se debe interrumpir y siempre debe terminar en un orgasmo. La excitación sexual pasa por altibajos en el desarrollo de una relación sexual, quizás más en la mujer que en el varón (aunque de manera menos evidente) y eso es normal y esperable.


Mitos relacionados con la edad

La sexualidad infantil no existe, ya que comienza con la pubertad. No sólo que existe la sexualidad infantil, sino que las experiencias infantiles en su conjunto permiten construir el mapa de amor de una persona, que es el modelo de amante y relación idealizados que nos orienta en la búsqueda de placer. Esto no quiere decir de ninguna manera que un niño tenga relaciones coitales, pero sí placer sexual: erecciones, orgasmos, deseo, excitación, fantasías, autosatisfacción.

La sexualidad en la tercera edad es de mucha menor calidad que en la juventud, a causa de los cambios físicos producto de los años. Podríamos llamarle el “mito del viejo verde”. Cuanto le cuesta a las personas asumir que sus padres y abuelos tienen deseos, necesidades, actos masturbatorios, sexo oral, en fin, placer sexual. Existen cambios físicos tanto en varones como en mujeres producto de la edad avanzada que no llevan necesariamente a interrumpir las relaciones sexuales, sino a la necesidad de adaptarse a los mismos. Esto de ninguna manera implica el fin de la vida sexual, pero sí ser conciente de esos cambios y adaptarse a los mismos, apuntando a aprovechar la experiencia en función de una mejor calidad. Es posible esa mejor calidad, pero si no se está centrado en la cantidad.


Mitos sobre las disfunciones sexuales

Los trastornos sexuales son poco comunes y la causa fundamental es enfermedad física o psíquica grave. Investigaciones recientes indican que una de cada tres personas presenta algún tipo de trastorno sexual, por lo tanto se trata de una problemática generalizada en la población. Las causas son variables, desde temor al fracaso hasta una patología vascular, y en general encontramos causas predominantemente psicológicas en pacientes jóvenes, y predominantemente orgánicas en pacientes mayores (de 55 años en adelante).

Los trastornos sexuales requieren para su solución tratamientos largos, complicados y costosos. Los tratamientos sexológicos son breves, focalizados en el problema, y con un alto grado de eficacia. Consisten en tareas diversas que son realizadas por el paciente en conjunto con su pareja, orientadas a manejar las causas específicas que mantienen el problema.

Una falla en la erección implica el comienzo de la impotencia. Técnicamente, podemos diagnosticar una disfunción eréctil cuando el varón no puede lograr y/o mantener una erección suficiente para la penetración en por lo menos uno de cada cuatro encuentros durante un plazo de seis meses. De todas formas, es recomendable si una persona nota que luego de varios intentos no logra un funcionamiento satisfactorio, haga una consulta con un especialista.


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